El asesino de la estrella

Book Cover: El asesino de la estrella

Roberto es un periodista atormentado por su pasado al que un día le comienzan a suceder extrañas cosas. Lagunas de memoria, objetos que cambian de sitio solos, extraños mensajes pintados en las paredes de su casa que le hacen llegar a pensar que se ha vuelto loco.

Alicia es una inspectora que investiga el caso de un asesino en serie que parece tener predilección por las mujeres rubias y que por sus métodos acaban bautizándolo como “El asesino de la estrella”. Todas las pistas llevan a un mismo hombre, Roberto, del que se sentirá irremediablemente atraída desde el principio a pesar de ser el principal sospechoso.

Ambos se verán envueltos en una complicada trama de venganza llena de secretos y verdades a medias que cambiará sus vidas para siempre.

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Capítulo 1

Se despertó empapado en sudor, respirando entrecortadamente y totalmente desorientado, sintiendo de nuevo aquella extraña desazón por todo su cuerpo que le hacía pensar que algo terrible había ocurrido.

¿Cómo demonios había llegado aquella noche hasta su casa? Sólo recordaba haber salido del trabajo la tarde anterior a su hora, cosa que no venía siendo habitual últimamente. Después… nada, no había nada. Se llevó las manos a la cabeza, sin atreverse a salir aún de la calidez de su cama. Al hacerlo un intenso olor a óxido invadió sus sentidos. Extrañado las apartó temblorosas, intuyendo qué era lo que iba a encontrar allí. Sangre reseca las cubría de arriba abajo e incluso bajo sus uñas.

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Preso del pánico que aquella visión le había provocado, salió corriendo al baño sin importarle cómo el frío suelo hería sus pies sin compasión a cada paso. Abrió el grifo y metió sus manos bajo el chorro hirviente de agua que salía de él, tratando de limpiarlas y tal vez también de purificarlas. El olor se hizo más intenso en cuanto la sangre coagulada comenzó a resbalar por sus manos y no pudo soportarlo más. Entre convulsiones incontrolables vomitó lo poco que tenía en su estómago, seguramente algo que habría cenado, pero de lo que no se acordaba, y alguna de las pastillas que lo ayudaban a dormir.

Cuando ya no hubo nada en su organismo continuó un poco más, expulsando bilis que le dejaba un amargo sabor en la boca. En el momento en el que al fin su cuerpo no pudo más, cansado del esfuerzo, comenzó a llorar sin consuelo. ¿Qué le estaba pasando? ¿Qué significaba todo aquello? ¿Por qué tenía las manos llenas de sangre? ¿Sería suya? Instintivamente, y de nuevo agitado, se quitó toda la ropa en busca de la herida de la que debía haber salido toda aquella sangre. Una vez desnudo cogió la toalla con la que se había secado las manos, y que ahora tenía un suave color rosáceo, y limpió el espejo de pie que tenía en el baño, regalo de su madre, y que, debido a la temperatura del agua, estaba totalmente empañado.

Tan sólo había eliminado el vaho de un pequeño trozo cuando algo en él hizo que retrocediera aterrado y cayese de culo en el helado suelo. Respirando agitadamente miró hacia atrás, su corazón estaba a punto de salirse de su pecho, eso o finalmente sufriría un ataque al corazón debido al estrés que estaba soportando en ese momento.

Temblando de nuevo, tanto de frío como de miedo, se acercó despacio al espejo, sin dejar de lanzar miradas de soslayo hacia atrás, como si de repente fuese a aparecer el culpable de que sus manos hubiesen amanecido llenas de sangre. Haciendo todo el acopio de valor que pudo, volvió a mirar en el espejo, en el lugar que había limpiado. Un inmenso alivio le invadió. Seguramente había sido todo producto de su alterada imaginación. Cogió de nuevo la toalla y limpió el resto del espejo hasta que fue capaz de verse en él. Nada, ni un solo rasguño. ¿Significaba eso que aquella sangre no era suya? ¿Y si no era suya de quién era?

Sin molestarse en vestirse, aunque el intenso frío de aquel invierno se estaba colando en todos y cada uno de sus huesos, corrió al salón y encendió la televisión. Durante varios minutos buscó y buscó entre los cientos de canales que tenía contratados para pasar los solitarios fines de semana que ya eran algo más que habitual.

Nada, no había nada, en ningún canal se hablaba de alguien que hubiese sido herido la noche anterior y a la que tal vez habría intentado ayudar. Era eso, tenía que ser eso, por eso sus manos estaban manchadas de sangre. No lo recordaba, pero estaba seguro de que debía haber sido algo así, en su vuelta a casa debió encontrarse con alguien en apuros y… “Última hora. Hace escasos minutos ha sido encontrada sin vida una mujer de unos treinta años en los alrededores de la Latina. Al parecer el asesino utilizó un objeto afilado con el que realizó un profundo corte en su cuello seccionándole la yugular y provocándole la muerte. El macabro autor de este asesinato utilizó la sangre de la mujer para escribir un mensaje en su cuerpo…”. Al ver el rostro de aquella chica en la pantalla de su televisión miles de imágenes golpearon su cabeza. De alguna manera la recordó riendo, el rubor de sus mejillas, su dulce olor a vainilla. ¿Cómo era posible aquello?

Sintiendo que el corazón volvía a desbocarse en su pecho se sentó desnudo en el sofá sin saber cómo interpretar todo aquello. ¿Sería ella la chica a la que había intentado salvar? ¿Sería de ella la sangre que hasta hacía unos minutos bañaba sus manos? No lo sabía, y eso era lo peor de todo, esa laguna blanca en su memoria que no le dejaba recordar lo ocurrido.

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Reviews:Sonia dijo en Amazon :

Me ha encantado! Recomiendo 100% este libro. La historia es muy interesante, desde el principio te engancha y quieres saber más.


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